Empieza un nuevo ciclo lectivo, y con él los trámites de documentación solicitada por los colegios.
Hoy nos levantamos con la idea de ir al Centro de Salud más cercano a pedir el certificado de aptitud física. Lo invité a papá a acompañarnos, quien con sus 87 años siempre está dispuesto a salir a pasear y conocer nuevos lugares.
Nos dirigimos al Trapiche, a 10 km. Salimos del campo y después de serpentear por el sinuoso camino de ripio a lo largo de unos quince minutos de pintoresco circuito turístico, llegamos.
"A usted ahora le corresponde el Centro de Salud de Estancia Grande" me explicó la secretaria. Yo, quien ya debería haber sabido de la existencia de ese nuevo centro de salud, no me sorprendí ya que últimamente me entero un poquito tarde de casi todo. Salí más molesta por tener que irme hasta la otra punta que contenta por enterarme que mi municipio ya contaba finalmente con un centro de salud, pero, en fin, con una sonrisa; "vas a conocer Estancia Grande, papá".
El centro de salud lo encontramos en un barrio nuevo que se construyó para la gente que no tenía viviendas en la zona.
Alli, entre esas casas, vimos la ambulancia estacionada. "Allí debe ser". Nos recibieron la doctora y la enfermera con una gran y cordial sonrisa: "bienvenidos". Tomi fue revisado, pesado, medido y todas esas cosas y recibió su certificado. Luego pasó con la enfermera que le dió la vacuna de los 16.
Con la doctora comenzamos a hablar, porque acá en San Luis siempre hay tiempo para hablar, sobre mi papá. "Traigalo que le hacemos un chequeo". Y lo llamé a papá que estaba afuera acariciando una perrita (la de la doctora!) que apenas lo vió se le pegó como un imán.
Cuando supo que vivíamos en el campo, nos dijo que ella y su enfermera pasarían, a partir de ahora, cada 15 días por casa a ver a papá y a cada miembro de la familia para asegurarse de que estuviéramos bien. "No se preocupen por buscar médico en la ciudad, nosotros pasaremos por su casa. Vamos a pasar después de ver al Chacho y a Doña Hortensia." Entre risa y risa por todos los chistes que hacía papá, nos saludamos y quedarnos en vernos en casa, la semana que viene.
"Increíble.", pensaba, mientras manejaba de vuelta a casa... "Increíble vivir en Estancia Grande".
Cuándo querés que me mude para allá?
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