Amanece otro día y a medida que avanza el otoño y se acortan los días, mas cuesta levantarse a la mañana. Pero Tomi tiene que ir al colegio y yo lo quiero acompañar hasta la tranquera, donde el transporte lo pasa a buscar. Me gusta ir temprano. Me gusta que cuando el colectivo llegue nosotros ya estemos ahí, esperando. Y eso hacemos cada mañana, esperamos.
Hoy, los colores son, otra vez, diferentes. Como si la paleta no se terminara nunca. Ayer predominaba el naranja. Hoy, el celeste. Y el paisaje me atrapa y pienso que un día así me promete todo.
Y pienso que si hubiese estado mirando el cielo un día como hoy, nuestra bandera hubiese sido diferente.
De repente, me atrae el canto de una calandria que parece estar llamándonos desde el árbol arriba nuestro. Y levanto la mirada. Veo una maraña de hojas y ramas y a través de ellas sigo viendo mi imaginaria bandera celeste y rosa.
Amo este árbol. Es uno de los más lindos que hay en el campo. Con su tronco retorcido y gordo y con su copa tan tupida. Cuantos años tendrá, me pregunté tantas veces. Y el canto de la calandria me vuelve a llamar.
Hey! Acá estoy! Parece decirme.
Y la descubro entre los verdes y marrones del espinillo. Acá estás, pienso. Otro habitante fiel de este lugar.
El cielo empieza a oscurecer.
Entre las cosas que el día promete, hoy, está la lluvia. Cada vez más negras están las nubes. Y las observo. Pero no puedo dejar de notar al sol, que lucha por asomar y me recuerda su eterna presencia.
Y pienso, siempre estás sol, aunque no te veamos, aunque sólo podamos ver las nubes más negras… Y pienso, esas nubes negras pasarán… Y allí estarás, sol.
Y llega la hora de volver a casa. Otra vez, el tiempo se me pasó volando…
En casa me espera Lobo que aulló toda la noche y ahora reposa en mi silla de jardín…
Si. Cambio de guardia, pienso. Descansá Lobo. Ahora cuido yo.
El cielo, encapotado y gris, finalmente me regala una llovizna suave y breve. Yo ya estoy adentro preparando un rico mate. Y miro el paisaje desde mi ventana y pongo atención al único toque de color que veo desde acá: una flor.
El sol, por ahora perdió su lucha y ya no asoma. Pero está la flor que espera conmigo.
Y le pregunto,
como podés ser tan hermosa,
tan simple,
tan generosa,
que das color a mi paisaje,
color a mi día,
color a mi vida….
Que lindo relato!!!!
ResponderEliminarCada dia escribis mas lindo, linda!
ResponderEliminarGracias, linda! =)
EliminarI'm your number-one fan, Elda. Precioso tu blog :)
ResponderEliminarThanks, sweet Grace!!!
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