miércoles, 4 de abril de 2012

Salgo a caminar...


Hoy me propuse salir a caminar. En realidad siempre me lo propongo, pero hoy fue más que una iniciativa. Voy a prender la bomba, dije. Esa bomba que desde que se le rompió el automático hay que ir hasta Cañada Honda a prenderla y apagarla luego de media hora. Me llevo un libro, pensé. Así leo mientras espero. Y partí, con la botellita de agua en una mano, y libro en la otra.

La caminata hasta allá es de mas o menos un kilómetro. Que buen ejercicio, pienso. Debería hacerlo todos los días. Y llego. Prendo la bomba y me voy hasta el arroyo, a unos cincuenta metros. Ahí me sentaré a leer. Con el ruidito del agua y al solcito, a esperar la media hora. 

El ruidito del agua me atrapa. 
Las cascaditas, las burbujitas, el suave murmullo del arroyito que corre.

     


Me detengo a observar cada detalle. Y me fascino.

                                                                                                      Todo es hermoso. Todo es agradable. Las algas bajo el agua.                                                                                                                                                                        Los helechos que nacen allí. Veo un helecho que nació en medio de la pared de piedra. 

       Ahi nacés? Le pregunto. En casa me cuesta tanto hacerlos crecer...  
 

Hay una cueva al costado del arroyo. Una cueva que da sombra y cobijo (quizás) a algún habitante del arroyo. Arriba, cuelgan mas helechos.


Debajo de la cueva de los helechos, descubro un ejército de pececitos esperando a la sombra y al resguardo de la corriente. Esperando que?, me pregunto. 



Y me doy cuenta de que seguramente ya pasó la media hora.
Lobo, que ya se bañó en el arroyo y ya se sacudió al lado mío,  está paciente, esperando.

También me está esperando el libro que llevé, y que ni abrí. No tuve tiempo.

 Decido que ya es hora de ir a apagar la bomba y volver a casa. Vamos, Lobo. Y partimos los dos, de vuelta. Y caminamos.
Y donde yo aflojo, Lobo me espera, compañero!
                     

Y ya casi llegamos. Veo a la distancia la casa. Y repito, Que buen ejercicio. Debería hacerlo todos los días.

jueves, 1 de marzo de 2012

Vivir en Estancia Grande...

Empieza un nuevo ciclo lectivo, y con él los trámites de documentación solicitada por los colegios. 

Hoy nos levantamos con la idea de ir al Centro de Salud más cercano a pedir el certificado de aptitud física. Lo invité a papá a acompañarnos, quien con sus 87 años siempre está dispuesto a salir a pasear y conocer nuevos lugares.

Nos dirigimos al Trapiche, a 10 km. Salimos del campo y después de serpentear por el sinuoso camino de ripio a lo largo de unos quince minutos de pintoresco circuito turístico, llegamos. 

"A usted ahora le corresponde el Centro de Salud de Estancia Grande" me explicó la secretaria. Yo, quien ya debería haber sabido de la existencia de ese nuevo centro de salud, no me sorprendí ya que últimamente me entero un poquito tarde de casi todo. Salí más molesta por tener que irme hasta la otra punta que contenta por enterarme que mi municipio ya contaba finalmente con un centro de salud, pero, en fin, con una sonrisa; "vas a conocer Estancia Grande, papá".


Media hora más tarde estábamos ahí. No solo papá conoció Estancia Grande. Debo decir que Tomi y yo también. Primero paramos en el casco urbano a averiguar que se necesita para renovar el DNI. La chica del registro civil nos dió toda la información y anotó su número de teléfono. Si, el suyo. Por si necesitábamos algo...  Seguimos viaje.


El centro de salud lo encontramos en un barrio nuevo que se construyó para la gente que no tenía viviendas en la zona. 

Nunca había visto un barrio municipal tan hermoso, limpio, verde y maravilloso. Las casas separadas entre si, rodeadas de mucho jardín y el más increíble paisaje serrano.

Alli, entre esas casas, vimos la ambulancia estacionada. "Allí debe ser". Nos recibieron la doctora y la enfermera con una gran y cordial sonrisa: "bienvenidos". Tomi fue revisado, pesado, medido y todas esas cosas y recibió su certificado. Luego pasó con la enfermera que le dió la vacuna de los 16.

Con la doctora comenzamos a hablar, porque acá en San Luis siempre hay tiempo para hablar, sobre mi papá. "Traigalo que le hacemos un chequeo". Y lo llamé a papá que estaba afuera acariciando una perrita (la de la doctora!) que apenas lo vió se le pegó como un imán.


Cuando supo que vivíamos en el campo, nos dijo que ella y su enfermera pasarían, a partir de ahora, cada 15 días por casa a ver a papá y a cada miembro de la familia para asegurarse de que estuviéramos bien. "No se preocupen por buscar médico en la ciudad, nosotros pasaremos por su casa. Vamos a pasar después de ver al Chacho y a Doña Hortensia." Entre risa y risa por todos los chistes que hacía papá, nos saludamos y quedarnos en vernos en casa, la semana que viene.

"Increíble.", pensaba, mientras manejaba de vuelta a casa... "Increíble vivir en Estancia Grande".


jueves, 2 de febrero de 2012

Atreverse a Soñar (a los 78)

Hoy siento la necesidad de escribir sobre mi mamá. Quiero escribir sobre ella porque la admiro y porque la veo como un modelo de coraje. Ella tiene setenta y ocho años, y a esa edad se atreve a apostar a un cambio de vida.

Cuando a los jóvenes les resulta a veces tan difícil tomar cualquier decisión que implique un riesgo por mas mínimo que sea, y cuando a nosotros los más maduros nos cuesta tanto salir de nuestro terreno "seguro", para emprender algo diferente, ella, se atreve al cambio.

Todos los que vivíamos en su ciudad, algunos mas cerca otros mas lejos, nos fuimos mudando y alejando por diversos motivos, y ella dijo."yo acá no me quiero quedar sola", "yo también me voy".

Y acá se vino. Conmigo. Al campo. Salimos a caminar y elegimos un hermoso cerro con una espectacular vista. "Acá me voy a hacer la casa", dijo.


Y su sueño se está haciendo realidad. Lentamente, claro... al ritmo puntano...

 Todos los días subimos a ver los avances, y todos los días la veo feliz de ver los cimientos, las estructuras de hierro, hasta la pila de ripio y arena son para emocionarse!

"Acá estoy en mi cocina" dice, sonriente. "Esto es lo que voy a ver desde mi dormitorio", dice, mientras se imagina sentada en su cama con sus mates mañaneros.





Gracias mamá. Gracias por venir conmigo. Gracias por confiar en mi. Gracias por ser tan feliz. Gracias por atreverte a soñar!!!